viernes, 25 de marzo de 2016

LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD.

La libertad en el mundo occidental tiene por desgracia enemigos poderosos que son capaces, aun con unos medios infinitamente más escasos que los de los gobiernos, de provocar un sentimiento de inseguridad como no habíamos conocido en Europa especialmente durante las últimas décadas. La capacidad de provocar muerte y destrucción es sencilla en un mundo tan global donde siempre que se ponen en juego libertad y seguridad predomina la primera. Las fronteras cada vez son más permeables; la información fluye a la velocidad de la luz y llega a todos nuestros terminales en menos de un segundo sin apenas un filtro o una explicación. El gran éxito del Estado Islámico ha sido movilizar a jóvenes en un proceso de decadencia personal con claros tintes violentos para reconducirlos a una causa que ni entienden ni comparten pero que les da un sentido vital. Así de loca está la gente que nos rodea. Es cierto que no debemos sacar el problema de sus justos términos ya que son unos centenares de terroristas entre cuatrocientos millones de europeos los que se han adherido al Estado Islámico, pero no por ello debemos obviar que existe un problema de fondo que es la debilidad de las sociedades libres frente a comunidades fortalecidas por una religión y unos valores excluyentes que dificultan su integración en las sociedades europeas para desgracia de todos.

Pero el enemigo está en casa, está dentro de nosotros, y mientras no ganemos esta batalla particular contra nosotros mismos, no vamos  a vivir seguros y confiados en nuestra vieja Europa. Pero ¿Quienes son estos enemigos que nos sacuden y hacen que cualquier desharrapado pueda poner en jaque a los servicios de inteligencia y de seguridad de las principales potencias mundiales? Son enemigos inconscientes en gran medida; ni siquiera encuentran nexo de unión entre sus actos y los ataques que sufrimos; es más son ellos los que suelen encontrar razones o motivos en dichos ataques que van más allá de sus autores materiales y sus inductores.

domingo, 6 de marzo de 2016

Cumbre Unión Europea Turquía: Europa afronta su mayor riesgo desde 1945



La cumbre entre la Unión Europea y Turquía se plantea como la última oportunidad que tiene el Viejo continente de apostar por el modelo exitoso de construcción europea que se inició en los años cincuenta o bien de dinamitar todo el proceso europeo devolviéndonos a los fantasmas del pasado anteriores a 1939.

El problema no es de los refugiados es de Europa. En 2015 se presentaron un poco más de un millón de solicitudes de asilo, y medio millón el año anterior,  no llegan ni al 0,3% de la población europea. Ver este hecho como una amenaza a la seguridad y convivencia europea muestra el gran fracaso de Europa. Que en la frontera con Macedonia se agrupen unos miles de refugiados que cabrían en el estado de la Condomina, no puede ser portada diaria de noticiarios. La noticia es la incapacidad europea de decidir qué hacer con cincuenta mil personas.

Todas las alarmas están sonando y Europa está dispuesta a saltarse todos sus principios ante esta amenaza. Y es que si la Unión Europea decide restringir los derechos y permitir que otros los pisoteen a la primera de cambio, es porque los principios no son tan sólidos. ¿Qué fundamentos son aquéllos que sólo sirven cuando no se ponen a prueba?

jueves, 3 de marzo de 2016

Quietos todo el mundo

Así se han quedado todos después del falso debate de falsa investidura; más congelados que en la tarde de aquel 23 de febrero. Esta semana ha servido para demostrar sólo dos cosas; que España no tiene la clase política que se merece y en segundo lugar que no hay mayor corrupción que la de los politicos incapaces de entender que están al servicio del país. Todos los que se llenan la boca de ERES, Barcenas etc deberían pensar que en el fondo están podridos por dentro y que sólo un cambio radical del sistema profundizando en la democracia de los partidos y en el soberano derecho del individuo a elegir a sus representantes con independencia de estructuras que ya están caducadas, es la única solución a la parálisis de odio generalizado a la que nos ha llevado este debate.

Hemos asistido a un debate donde se han oído expresiones que desde la presidencia de otro radical, Diego Martínez Barrio, no se pronunciaban en el Congreso español. Y si las palabras dan miedo, lo que esconden dan terror. Rajoy, incapaz de entender que aunque ha ganado las elecciones debe bajar los humos de la mayoría absoluta. Su indisposición para entender la realidad le inhabilita para dirigir el gobierno de España y mucho menos a alcanzar pactos con el partido socialista.

Lo de Pedro Sánchez es todavía peor; yo le diría al falso candidato que la peor medida regresiva del PP es mejor que pactar con Podemos. Que después de aliarse y vitorear a los que asesinaron a ilustres y militantes de base socialistas, Podemos sea candidato a pactar con el PSOE produce un escozor insufrible. Que Pedro Sanchez diga que lo que que le gustaría es este pacto de izquierdas, es renegar de la transición y la democracia y devolvernos a un ambiente que ya conocimos en los años treinta. El día que el socialismo radical se alió con el anarquismo y el comunismo, se produjo el mayor holocausto en nuestra historia. 

Que Pablo Iglesias niegue la transición hecha por los que venían del franquismo y la oposición nos devuelve al clima de confrontación de 1936, quizás el escenario preferido por Pablo Iglesias, pero dudo que lo sea para la gran mayoría de sus votantes, que aspiran a una vida más justa y a una reducción de ciertas desigualdades, pero no a la involución.

Pablo Iglesias llamando asesino de estado a un ex presidente del gobierno produce repugnancia, y mucho más cuando a continuación Pedro Sánchez le tiende la mano. ¿Hasta dónde se es capaz de llegar?¿Cuántos principios inviolables y morales está dispuesto a saltarse Pedro Sánchez para alcanzar el gobierno? Seguramente que todos. Incluso cuando ponen como línea roja el separatismo olvidan que ellos ya gobernaron con Ezquerra y que todavía hoy comparten ayuntamientos con los independentistas.

El odio de Pedro Sánchez al PP sólo tiene que ver con la lucha de clases. Con la separación entre buenos y malos, entre explotadores y explotados. El mismo lenguaje de los años treinta. Parece que no se ha enterado que España ha sufrido una transformación irreversible y que nadie compra ese carro.

Y solo faltaba Albert Rivera, el que más me ha defraudado. El que mas líneas rojas se ha saltado con tal de solucionar en su lenguaje una situación que no ha hecho más que complicar. Primero apoya el nombramiento de Patxi Lopexz bajo el principio de que el PSOE no gobernará, y a continuación apoya la investidura de Pedro Sanchez; dice que solo pactará con el PSOE si es para formar una coalición con el PP y acaba admitiendo pactar con Podemos para desbancar al Partido Popular. Que historia tan corta para un partido que creíamos liberal, españolista y de centro; convertido ya en un apéndice del PSOE como antes lo fue el PAD de Fernández Ordoñez. 

De todos, ha sido Ciudadanos quien se ha quedado como don Tancredo; mojándose hasta la rodilla para luego quedar fuera de juego; mientras su socio le pone los cuernos en pleno hemiciclo, su aliado natural, el más sencillo recibe una somanta palos de quien aspira a cautivar a su electorado. ¿Quién es Albert Rivera para decidir quién tiene que gobernar en el PP? ¿Ni siquiera le permite equivocarse?

En definitiva, que lo mejor hubiera sido que no hubiera habido debate; ya que ahora estamos peor. Ni siquiera podremos establecer como en Italia o Grecia mayorías cualificadas al más votado. Hoy con las reformas realizadas en Grecia o en Italia para salir de la parálisis a la que le condujo la falta de mayoría, el partido popular ya estaría gobernando. Pero no, aquí vamos a tener que sufrir años de desgobierno y parálisis hasta que una reforma así surta efectos.

Lo único que les pido a todos los partidos que se pongan de acuerdo para una sola cosa; modificar el sistema electoral a uno mayoritario por circunscripciones como en Reino Unido; que cada diputado se gane su escaño directamente con su electorado y que puedan con este mandato representativo liberarnos de la partitocracia. Si no, todo lo que hemos ganado en estas décadas lo perderemos en unos pocos años y ya no habrá tiempo salvo para lamentarse.