lunes, 27 de febrero de 2017

EL SUDOKU DE SIRIA

Intentar comprender en qué consiste la guerra en Siria, quiénes son los aliados y los enemigos y sobre todo si existe una vía para la resolución del conflicto ya sea militar o negociadas es un sudoku a la altura de Bobby Fisher. Lo cierto es que la guerra en Siria cuando más parece que se acerca a la pacificación más se acentúa la violencia y de esta manera resulta imposible que esta guerra acabe hasta que todos los sirios estén muertos o en el exilio. Decía con razón esta semana Antonio Guterres que: "Solo habrá paz si ninguna de las partes del conflicto confía en ganar. No estoy seguro de que en Siria se haya llegado ya a este punto”. Las potencias circundantes en lugar de actuar de bomberos en el conflicto son los pirómanos que anteponen sus intereses particulares a la solución de una guerra que cada vez está más lejos.

Las conversaciones de paz de Ginebra no pueden conducir a nada positivo cuando las principales fuerzas opositoras al gobierno de Asad están fuera de la mesa. El antiguo frente ligado a Al Qaeda por el veto del gobierno sirio y los kurdos por el veto turco, por sus supuestos vínculos con el PKK. De esta manera si la mitad de las partes en conflicto están excluidas y apenas la oposición del Alto Comité de Negociación que agrupa a la oposición “moderada” se sienta en la mesa frente al gobierno de Asad, es imposible que se pueda concluir en un acuerdo satisfactorio y que sea respetado. Faltan los dos grupos más poderosos de la oposición militar y Tahrir al-Sham, grupo cercano a Al Qaeda, y los islamistas de Ahrar al-Sham. Ambos no reconocen al ACN y no están presentes en Ginebra, ya que consideran las negociaciones como una traición. O sea que la mitad de los bandos en guerra no están presentes en las conversaciones de pacificación.

Debido a la presión de Turquía, tampoco están representados los kurdos, pese a tener la gran provincia de Rojava bajo control, contando con la fuerza más activa y mejor preparada de la guerra y liderando la guerra contra el Daesh. Estados Unidos el principal soporte de los kurdos en Siria no han querido imponer su presencia a Turquía para evitar acentuar el conflicto con Erdogán.

Las posiciones que defienden cada una de las partes son abiertamente incompatibles. Los centenares de miles de víctimas y de refugiados pesan sobre todos para no estar dispuestos a claudicar. En primer lugar, la oposición exige el final del poder de Bashar al Assad, además de la liberación de los detenidos y el fin del sitio de las regiones dominadas por los rebeldes.  Por su parte, el gobierno solo acepta mantenerse en el poder bajo Asad; su retirada ahora ya no solo es condición sino que ha pasado de ser el problema a parte de la solución.

Pero en el campo de batalla se están produciendo hechos muy significativos que pueden hacer estallar por los aires los acuerdos que se alcancen en una mesa de negociación.

viernes, 17 de febrero de 2017

LA NUEVA HOJA DE RUTA DE TRUMP PARA EL CONFLICTO ENTRE ISRAEL Y PALESTINOS.


Desde el 30 de octubre de 1991 que se celebró la conferencia de Madrid, el camino hacia la solución del conflicto entre palestinos e israelíes, para simplificar, ha estado viviendo de un irrealismo mágico que ha sido la causa de los numerosos conflictos posteriores y sobre todo de una oleada de ataques terroristas sobre Israel que a su vez han generado intervenciones militares en represalia con miles de víctimas. Cuando los políticos occidentales quieren hacerse una fotografía a costa de los pequeños estados, cometen unos destrozos cuyas consecuencias no tardan en percibirse, y en eso básicamente consistieron las conferencias de Madrid y la de Oslo.

Pero a este espejismo contribuyeron de especial manera los laboristas de Israel que en un exceso de buenismo pensaron que era posible negociar con una organización terrorista, sentarse y firmar acuerdos y que se cumplirían, negando lo que la historia les había enseñado a los judíos desde 1949. Muchos de los males que han acontecido a posteriori tienen su origen en el error del gobierno de Rabin de pensar que se puede confiar en los que sólo anhelan destruirte. Este error estratégico del laborismo le ha costado estar fuera del gobierno durante muchos años cuando fue durante los primeros treinta años del estado, el partido hegemónico.

Trump, que practica también una especie de irrealismo político en cuanto al análisis y soluciones a los problemas de su país, ha sido quien ha recalcado con acierto cuáles son los tres puntos principales para conseguir un auténtico proceso de paz y garantizar la seguridad del estado de Israel y de sus vecinos.

En primer lugar, dejar que sean las partes las que lleguen a un acuerdo. Si no ha habido un acuerdo hasta ahora ha sido por la clara interferencia de occidentales y árabes que nunca han querido un acuerdo estable entre las partes, para salvaguardar sus intereses particulares en la esfera global o regional. 

Después, señalar la amenaza que supone Irán y en particular su programa nuclear y no sólo para Israel. El régimen de los ayatollás ha sido financiador, sponsor y proveedor de los atentados terroristas ocurridos en los últimos años contra Israel y ha contribuido a alimentar el odio a Israel dentro de los estados palestinos, a lo que sin duda también han contribuido otros estados árabes. Los jóvenes palestinos son educados en una cultura del odio en escuelas financiadas por potencias extranjeras, y así es muy difícil construir una paz duradera.

Y en tercer lugar remarcar que el principal aliado de Occidente en la región es Israel, abandonando las prácticas de Obama de cultivar las relaciones de amistad a otros países de la región en su estrategia, incluyendo reverencias protocolarias del presidente de Estados Unidos al rey de Arabia.  Este es el principal elemento de la estrategia. Si los que quieren destruir a Israel saben que Occidente y en particular Estados Unidos estarán siempre del lado del único estado democrático y plural de la región, se lo pensarán dos veces antes de amenazar la existencia pacífica del estado de Israel y se sentarán a negociar con un espíritu más constructivo.

Si estos tres puntos se mantienen por parte de la administración Trump, habremos avanzado mucho en el camino de la solución del conflicto y sin duda se habrá construido una buena parte del camino hacia la seguridad en la región.

Sin embargo el presidente Trump al mencionar las posibilidades de solución, ha cometido a mi juicio dos errores. El primero es considerar cómo válida la solución de un estado, y el segundo, excluir la solución más plausible y seguramente menos viable que es la de tres estados.

La solución de un estado a la que rápidamente se sumaron los representantes de la Autoridad Palestina es inviable ya que conllevaría la práctica desaparición del estado de Israel. Hoy, por primera vez desde la independencia de Israel, entre los territorios palestinos e Israel viven casi seis millones y medio de árabes frente a seis millones cuatrocientos mil judíos, con una tasa de crecimiento de estos últimos que es la mitad de los árabes. Cuando en 1948 los árabes entraron en Jerusalén y expulsaron a los judíos que llevaban viviendo la ciudad del Templo durante siglos, expresaron su alegría; “por primera vez en tres mil años no hay un solo judío en Jerusalén”. Pretender que los palestinos dominen con sus modos poco democráticos y violentos todo el estado es inadmisible e inviable y condenaría al pueblo judío a un nuevo destierro. Incluso tengo serias dudas de que el millón ochocientos mil árabes que viven en Israel quisieran ser gobernados por Abbas o por Hamas.

En cuanto a la delimitación de fronteras entre los posibles dos estados, no se puede continuar en el irrealismo político de pensar que se pueden revertir políticas de asentamientos por ambas partes realizadas durante décadas. Las actuales fronteras deberían resultar definitivas. Algunos ajustes podrían hacerse en un sentido u otro, pero no tiene sentido ni lógica histórica pensar en alterar el estatus de Jerusalén Este como parte del estado de Israel. Otra cuestión es que la ciudad y sus alrededores tengan un estatuto especial en cuanto acceso a lugares sagrados y una zona de intercambio comercial y cultural más abierta, siempre condicionada al mantenimiento de la seguridad. La única manera de asegurar que la ciudad de las tres religiones lo siga siendo es que quede bajo la soberanía de Israel.

Esta tesis no sólo es realista sino que obedece a la secuencia de acontecimientos y resoluciones producidas desde 1949. El acuerdo de partición de Naciones Unidas quedó invalidado desde el momento en que los países árabes no lo aceptaron e invadieron los territorios de Israel.  A partir de este momento, sólo existen tres acuerdos válidos y vinculantes. El armisticio de 1948 firmado entre Israel y los países árabes; y los acuerdos de paz con Egipto y Jordania. Sobre estas bases, debería construirse el camino de la solución.

El empecinamiento de los palestinos en no admitir la existencia de un estado judío en la histórica tierra de Israel es la principal razón por la que la solución de dos estados nunca será posible. Sin este reconocimiento, permitir un estado palestino sería un error de consecuencias terribles y muchos estados occidentales reconociendo al estado palestino están poniendo a Israel, nuestro aliado si basamos estas relaciones en una comunidad de creencias y valores, en una posición de alta vulnerabilidad. Ningún país debería reconocer lazos diplomáticos con los palestinos hasta cumplir con este primer paso y nadie debería proceder antes que Israel que sin duda es el más interesado en hacerlo.

Y sobre esta base la teoría de los tres estados debería ser tomada como la que proporcionaría la mayor seguridad y estabilidad para las partes. La incorporación de Gaza a Egipto, como así fue históricamente y de la Cisjordania a Jordania como un estado federado. De esta manera los palestinos vivirían en estados árabes y con una estabilidad política y económica e Israel tendría la seguridad de tener unos vecinos que lo reconocen como estado y que son fiables. Cabe recordar que los palestinos no son un pueblo anclado en un concepto de nación; son los árabes que vivían en Palestina, los mismos que vivían en Jordania o Siria. No existe un estado palestino ni nunca existió. Del imperio egipcio, pasaron al romano y de ahí al otomano, y los grandes procesos de descolonización y nacionalismo comenzaron en las primeras décadas del siglo XX.  De esta manera la creación de un estado palestino obedece a una conveniencia que las partes deben admitir; pero conviene recordar que las tierras que fueron anexionadas en 1967 eran de Jordania Siria y Egipto y cualquier reversión debería hacerse a los mismos estados que sufrieron la amputación de parte de sus territorios y no a una entidad distinta.

La otra opción es la de dos estados, compleja por la división geográfica entre Gaza y Cisjordania y sobre todo por la política; la única razón por la que no están en guerra ambas zonas es porque Israel los separa. La viabilidad económica de Palestina en estas condiciones estaría muy limitada y su dependencia de Israel sería su única posibilidad de prosperar. Para ello sólo hay tres condiciones básicas: reconocer al estado de Israel; llegar a un acuerdo de fronteras y respetar a las minorías que puedan vivir en el territorio del otro; es decir que los judíos puedan continuar viviendo en los territorios palestinos en las mismas condiciones que los árabes en Israel. Algunos ajustes serían necesarios y decenas de asentamientos deberían desmantelarse, como ya ocurrió en Gaza, pero a cambio de una paz estable no parece un precio excesivo. Israel ha ofrecido incluso transferir territorios de su soberanía de mayoría árabe a la Autoridad Palestina, si sus habitantes, lo que me genera muchas dudas, estuvieran de acuerdo.

Los palestinos necesitan vivir en paz y poder desarrollar su economía; no pueden seguir viendo como sus esperanzas y expectativas se ven destruidas por las olas de violencia. Ellos a la vista de la realidad, son los principales perjudicados. Por primera vez en la historia tienen la oportunidad de tener un estado propio, viable y seguro y una vez más van a echar por la borda esta gran oportunidad por anteponer el odio a la esperanza.

Si comparamos la extensión del territorio de las doce tribus de Israel con el actual, se trata de un tercio de los territorios que iban desde los territorios de la tribu de Aser a los de Amalec y atravesando el Jordán a los de Manases y Gad.  Si excluimos el inhabitable desierto del Neguev, el territorio cedido por Israel a la Autoridad Palestina supone casi la mitad del territorio bajo su control después de 1967, entregando gran parte de Judea y de Samaria, territorios conquistados por los judíos hace tres mil años.

Lo cierto es que Donald Trump no ha inventado nada nuevo con respecto a Israel; ha venido a reinstaurar parcialmente la doctrina Reagan que el propio presidente manifestó en un discurso el primero de septiembre de 1982 y que se basa en los siguientes axiomas:

“No voy a permitir que el pueblo de Israel quede a merced de la artillería enemiga con solo diez millas de territorio entre los palestinos y el mar”;

“Estados Unidos no apoyará ni la creación de un estado palestino independiente ni la anexión por Israel de los territorios de la Franja Oeste”

“El autogobierno con la asociación de los territorios palestinos a Jordania ofrece la mejor solución para una paz duradera”.

Esta posición estaba perfectamente alineada con lo que todos los representantes occidentales manifestaron en el debate de la Resolución 242 de 1967 de Naciones Unidas indicando que “Israel no podía ser forzado a volver a las frágiles y vulnerables líneas de demarcación del armisticio de 1949”.

La solución de dos estados no es tampoco una quimera si se dan las condiciones básicas. En Cisjordania existen actualmente unos 130 asentamientos reconocidos judíos con una población de 350.000 personas. Casi el 60% de los judíos que habitan en la Cisjordania viven en cinco distritos (Ma’ale Adumim, Modiin Illit, Ariel, Gush Etzion y Givat Ze’ev)  que se encuentran a pocos kilómetros de la Línea Verde. El propio Arafat reconoció en Camp David la idea de que los grandes asentamientos judíos quedaran bajo la soberanía de Israel. El área en disputa supone apenas el 1,7% del territorio construido de Cisjordania, menos de setenta kilómetros cuadrados, la mitad que la ciudad castellana de Segovia. Israel admite que por razones de seguridad un amplio número de asentamientos deberán entregarse al nuevo estado palestino, pero su impacto sobre la población no superaría los cincuenta mil personas, que bien podrían reubicarse o bien continuar viviendo en sus asentamientos bajo la Autoridad Palestina con algún tipo de doble nacionalidad y acuerdos de seguridad.

Irán es sin duda otra cuestión crítica dadas las claras intenciones de Teherán con respecto a Israel y el desarrollo de su política nuclear, que ha sido retrasada por la acción de la inteligencia de Israel más que por la acción de todos los demás gobiernos amenazados. Si hoy existen unos débiles acuerdos con Irán se debe a la extraordinaria acción del Mosad para destruir las centrifugadoras y toda la infraestructura que les acompañaba. Pero como ha señalado Trump, la adquisición de capacidades nucleares por Irán es inadmisible y un casus belli para toda la región y Occidente.

Irán sin embargo es una cuestión más crítica para Estados Unidos. Tiene la llave de la estabilidad en Irak y es esencial en la lucha con el Daesh, además de tener como aliados a Rusia y a Assad. Si Trump opta por desmarcarse del acuerdo con Irán tendrá de aliados a árabes e israelíes, pero la situación en Irak y Siria podría complicarse y mucho. Una Siria apoyada y controlada por Irán sería la peor pesadilla para Israel.  No parece que Trump vaya a ir más allá con Irán mientras que la situación en Irak y Siria no se aclare y el Daesh sea eliminado, pero si Irán baja la guardia en los dos escenarios, el Califato podría retomar fuerza y entonces habría que redefinir la prioridades. Todo un reto para la diplomacia norteamericana.


Netanyahu se puede ir contento de este viaje; le ha tocado la lotería; pero ahora tiene que afrontar sus problemas internos que pueden arruinar su carrera política y generar una gran inestabilidad institucional que es lo que menos necesita ahora el estado judío ante la oportunidad que se presenta con el apoyo de Estados Unidos, y con las relaciones aceptables con Egipto y Jordania y en menor medida con Arabia, para convencer a los Palestinos de optar por una solución estable y duradera. Como presiento que ni a egipcios ni jordanos les hace mucha gracias acoger a estos hermanos en la fe que siempre le han ocasionado más problemas que beneficios, lo que solucionaría gran parte del problema, sólo nos queda seguir en la búsqueda de una solución de dos estados en paz, reconocidos mutuamente y con fronteras seguras. Esta sería un buen second best, si la primera opción no fuera viable, lamentablemente.

sábado, 11 de febrero de 2017

UNDERWOOD 1926

En el salón de mi casa descansa desde hace unos días una máquina Underwood de 1926, regalo de cumpleaños para Mó, que reúne dos características esenciales en todo presente: me ha producido tanta satisfacción regalarla como seguro que a ella recibirla y porque en el fondo, para los que amamos la ficción, es casi un objeto de culto. Cada vez que la observo no puedo dejar de imaginar a los grandes escritores que plasmaron sobre la tinta negra y roja historias de guerras y amores, de aventuras, política o cuentos infantiles; Hemingway escribiendo de píe "El viejo y el mar" y Orson Wells “ Ciudadano Kane” y tantas otras grandes novelas desde Tolstoi hasta los que aún hoy se resisten a abandonar tan rudimentario elemento.

Hoy la literatura se ha convertido en un corta y pega; y los escritores son capaces de lanzar al mercado novelas del tamaño del ladrillo con una periodicidad que asusta. Es tan fácil buscar y ordenar las fuentes, obtener bibliografía, borrar y volver a comenzar, que hemos optado por la cantidad que por la calidad. 

Pero estos escritores de la Underwood eran otra cosa. Cada página era un esfuerzo intelectual y físico notable para apretar las teclas con suficiente rigor para que las letras de cada palabra quedarán impresas, cada esfuerzo iba acompañado de un fonema mental; cada letra y cada palabra se escribía al ritmo de la escasa habilidad de los novelistas para la mecanografía. Por eso las grandes novelas no podían ser largas; había que optimizar el esfuerzo y plasmar toda la experiencia y el talento en apenas unas doscientas páginas a lo sumo. Crear una historia, desarrollarla con unos personajes tan extraordinarios en tan escaso espacio sólo era posible al ritmo del teclado. Todo el mundo en la casa del escritor sabía cuando estaba en plena labor literaria; cada pulsación inundaba todas las estancias; el ruido del papel al ser arrancado de la máquina evidenciaba si había sido un éxito o un fracaso. El espaciador y el tabulador alertaban de la velocidad del escritor y la búsqueda de una nueva cinta de forma incisiva indicaba que las musas acababan de regresar.

La Underwood certificó el final de la caligrafía para gran satisfacción de los copistas que apenas eran capaces de entender la letra de los autores, aunque aún hoy muchos se resisten a abandonar la pluma o el lapicero por la cercanía que produce con el papel. Pareciera que existe una conexión física directa entre el cerebro, el brazo, la mano, la pluma y el papel; de esa manera nada escapaba al control del escritor. ¡ Pero la máquina¡, acabó con la inmediatez; al final una tecla tras otra producían un movimiento mecánico que nos era ajeno y que debía producir un profundo temor a los autores. Perdían el control de su obra ¿ Qué pensarían hoy de mi Mac?

La ralentización de la escritura permitía reflexionar, tomar aire para superar un obstáculo o para lanzarse de carrerilla para terminar un largo párrafo sin perder la compostura ni la sintaxis. El mundo avanzaba a la velocidad de la máquina de escribir de manera que los impulsos que hoy marcan nuestras vidas a través de las redes sociales,  smartphones, entonces eran largos suspiros imbuidos de meditación. Cuando el esfuerzo de escribir era tan arduo, no se podían permitir el lujo de decir idioteces o insultos gratuitos; la economía del esfuerzo literario fue el gran aliado de la gran literatura del siglo XX. En ningún otro momento de la historia, la literatura alcanzó tan altas y consistentes cotas. Hasta la Underwood la literatura era capaz  de premiarnos con una docena de escritores en cada país por generación, y eso en los mejores casos. Si nos centramos en España entre Cervantes y Galdós, apenas un puñado de diez grandes autores españoles. No digamos de Estados Unidos o Francia o Alemania. Pero la Underwood, la Olivetti y la Royal, entre otras, multiplicaron la literatura en cantidad y calidad. Cuando fueron reemplazadas por los ordenadores, la literatura con mayúsculas  se terminó.

¿Quien ha sustituido a Faulkner, Hemingway o Fitzgerald en la literatura americana o a Tolstoi y Nabokov en la rusa o a Thomas Mann o a Oscar Wilde? Admitamos que la literaura contemporanea es pobre porque no necesitamos realizar un gran esfuerzo para escribir. Y quien dice de la novela habla de la vida.  Los guiones de las películas son absurdos, más parecidos a la patochada que a la literatura; los discursos políticos apenas se entienden y la correcta sintaxis y la ligazón se asoman a hurtadillas. Desde que es tan fácil comunicarse, hemos perdido la necesidad de hacerlo bien. Es tan sencillo utilizar muchas palabras para decir algo tan directo, que para qué vamos a hacer el esfuerzo de meditar o reflexionar sobre los que escribimos o decimos si podemos corregirlo o enmendarlo sobre la marcha. Deberían los gobiernos cobrar una tasa por el uso de cada palabra, y así nos veríamos obligados a la economía comunicativa; seríamos más directos; los sentimientos se expresarían de forma mucho más directa y cercana, casi parecerían reales.

En la comunicación tanto oral como escrita hemos perdido el respeto. Queremos usar tantas palabras que admitimos los errores tipográficos u ortográficos como un coste asumible de la transmisión del pensamiento; hemos llegado a creernos que todos podemos ser capaces de comunicar y de transmitir lo que sentimos, nuestras convicciones u opiniones políticas; pero no nos damos cuenta que a medida que es más fácil la transmisión, menos necesitamos elaborar nuestras creencias o sensaciones. Y cuando pretendemos reducir el mensaje para llegar de una forma directa, lo hacemos de la manera más burda. Pasamos de ladrillo al eslogan sin solución de continuidad; sin ningún esfuerzo de comprensión, simplemente con un poco de destreza podemos escribir una frase lapidaria en cinco segundos y nos quedamos tan anchos.

El fin de las Underwood nos ha dejado sin el gran instrumento de la comunicación; nos ha conducido a una literatura para la que todos servimos; para escribir una novela y venderla solo hace falta tiempo y un editor amigo; lo demás te lo ofrece el corrector; la www.rae.es; wikipedia y algunos blogs que nos enseñan aquello que muchos ya olvidaron: sujeto, verbo y predicado. 

Para disfrute nos queda la amplia biblioteca de novelas que se apilan en casa. “Fiesta”, "Absalon Absalon", “A sangre fría", "El gran Gatsby", “Las uvas de la ira", “Rebelión en la granja", "Crónicas marcianas", "Madre coraje", "Historia de una escalera", “El Jarama”, “Lolita", "El extranjero", "Ciudadano Kane", "Los cuatro jinetes del apocalipsis"; “Un millón de muertos", “La colmena”, "Muerte de un viajante”, "Trópico de Cáncer”, "Las crónicas de Narnia". Los hijos de las underwood sí que son inmortales, ¡ Qué envidia¡







domingo, 5 de febrero de 2017

¡QUE VIENEN LOS LIBERALES¡


Los dos principales anuncios del IV Congreso de Ciudadanos que más me han sorprendido de forma grata, han sido el abandono de la socialdemocracia posicionando al partido en el Centro Liberal Reformista y la asunción  de que el partido debe estar en las Instituciones. Comienza ahora una larga y complicada andadura, pero sin duda con estas bases es muy posible que el partido de la Ciudadanía alcance muchos de sus objetivos en un entorno político nacional muy complejo, especialmente por el reto independentista y la inestabilidad en los partidos de la izquierda que supone que sea imposible cualquier previsión de lo que puede ocurrir en los próximos meses; desde un entendimiento PP y PSOE hasta una moción de censura apoyada por toda la izquierda incluyendo a Bildu, si hiciera falta. Pero vayamos por partes.

La política es un arte que sólo tiene un objetivo, cambiar la vida de las personas, a mejor, a ser posible. La sociedad no se cambia con propuestas o tertulias, sino con leyes, y la principal misión del político es convencer a sus votantes de que es el más capacitado para gobernar su país; todo lo demás son juegos escénicos que no conducen a ninguna parte. Decía Martín Luther King que siempre llega un momento en el que uno debe tomar una posición, que no es segura, ni política, ni popular; pero debe hacerlo porque se es conciente que es lo que debe hacerse. Ahora le ha llegado a Ciudadanos el momento de tomar una posición, que no garantiza el éxito, pero que no tiene alternativa. Los partidos políticos o gobiernan pronto, o languidecen y desaparecen.

Definirse políticamente no es una cuestión sencilla en democracia y a menudo no es tampoco práctica, pero la claridad siempre recibe premio y Ciudadanos tiene ante si tres grandes retos; el primero es definirse ideológicamente en un mundo cada vez más pragmático; el segundo, es establecer una estrategia que tenga como meta gobernar; y la tercera e irremediable es convertir a Ciudadanos en una alternativa política de gobierno que articule a una gran mayoría en torno a su proyecto.

Las propuestas de modificación de estatutos abrazando con más fuerza la ideología liberal que la socialdemócrata no sólo es un acierto político sino sobre todo estratégico. Las fuentes que inspiran a Ciudadanos no son el marxismo ni la socialdemocracia que evidentemente ha perdido su ubicación con los cambios políticos y sociales de las últimas décadas. El liberalismo en su tradición americana y europea, salvando las enormes distancias, es la única ideología que ambiciona un gobierno eficaz respetando los derechos individuales y garantizando la solidaridad social.

El término liberal es uno de los más denostados de la historia y con tendencia a ser manipulado o confundido. Pero me quedo con aquellas palabras de JFK “Si por liberal entienden a alguien que mira hacia delante y no hacia atrás; que da la bienvenida a nuevas ideas sin reacciones rígidas, alguien que cuida el bienestar de su pueblo, su salud, sus viviendas, sus escuelas, sus trabajos, sus derechos civiles y sus libertades civiles; alguien que cree que podemos romper el estancamiento y las desconfianzas que nos atenazan en nuestras políticas en el extranjero, si eso es lo que quieren decir con  "liberal", entonces estoy orgulloso de decir que soy un "liberal". Esta es la posición liberal que entiendo ha abrazado Ciudadanos; quien no esté de acuerdo con estos principios tiene muchos otros partidos donde ubicarse.

Una vez definido, aunque sea considerado ambiguo, el marco ideológico, es necesario avanzar dos pasos más allá. Por una parte ofrecer el mismo discurso en todos los territorios de la nación española y definir unos criterios básicos de acción política positivos y diferenciados de la derecha socialdemócrata y de la izquierda perdida.

El liberalismo es la respuesta a los problemas de la desestructuración identitaria de España. Anteponiendo a las personas sobre las Instituciones, se construirá un país de Ciudadanos, donde poco importen las denominaciones. Cuando los habitantes del  imperio romano aspiraban a la ciudadanía, lo que quería era acceder a los mismos derechos y obligaciones que Roma, querían pagar impuestos. Un partidos de Ciudadanos sólo puede basarse en el principio de igualdad ante la ley y los derechos. Todos los españoles son iguales ante la Ley y deben tener los mismos derechos a la libertad de educación, de expresión y de acceso a servicios públicos en todos los territorios. Los ciudadanos deben ser el centro de la política y no el gobierno, que debe inmiscuirse en la vida de los ciudadanos lo menos posible. Cuando los gobiernos comienzan a reemplazar a los hombres en sus decisiones, la senda del autoritarismo ya está en construcción. La defensa del ciudadano también refuerza la idea de que aquéllos que quieran ser diferentes, que puedan serlo, allá cada uno con sus decisiones; pero obligar a ser diferentes o ser tratados diferentes desde la leyes es la mayor aberración jurídica y moral a la que una sociedad puede enfrentarse. 

Continuando con el presidente Kennedy cuando decía que los derechos de todos los hombres son vulnerados cuando los derechos de un solo hombre son amenazados”, no podemos quedar de perfil cuando un solo ciudadano en Cataluña no puede acceder a la educación en castellano; o cuando un niño de Cádiz no puede tener una educación en inglés, o cuando un guardia civil no puede salir a la calle a tomar unos chatos en Alsasua, o cuando una mujer es discriminada en su puesto de trabajo. La amenaza al derecho de una sola persona nos incumbe a todos porque es una amenaza a la libertad colectiva.

España desde 1823 no ha tenido gobiernos liberales; a gobiernos conservadores les sucedían movimientos revolucionarios, de manera que España estuvo al margen de las grandes reformas económicas y sociales del centro y norte de Europa de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El paternalismo ha perdurado en España condenándola a la miseria intelectual y económica. Nadie ha sido capaz de sacudirnos del paternalismo, desde Fernando VII hasta Mariano Rajoy con grandes adalides como Franco y Canovas, salvando las distancias ideológicas. Se cultivó la idea de que el español no es buen trabajador, buen empresario, buen intelectual y que todo debía ser dirigido desde el poder para garantizarle al nacional su tranquilidad. Pero sin duda el paternalismo y los movimientos radicales que le han sucedido, crearon un país cerrado y sin emprendedores. La ausencia de una España liberal nos llevó a las guerras civiles y a la ausencia de un concepto de nación similar a la de nuestros vecinos europeos. El germen de los nacionalismos está en el conservadurismo y en el paternalismo, por lo que han sido la semilla de los grandes males de nuestra nación, aderezada por el aprovechamiento que el comunismo y el anarquismo han hecho de estos fenómenos para romper al estado y a la sociedad liberal y democrática. Por eso que un partido pretenda gobernar lejos de los conservadurismos de inspiración cristiana, o del socialismo estatalizador o confiscador, es una extraordinaria y buena noticia.

“El liberal, en abierta contraposición a conservadores y socialistas, en ningún caso admite que alguien tenga que ser coaccionado por razones de moral o religión. Pienso con frecuencia que la nota que tipifica al liberal, distinguiéndole tanto del conservador como del socialista, es precisamente esa su postura de total inhibición ante las conductas que los demás adopten siguiendo sus creencias, siempre y cuando no invadan ajenas esferas de actuación legalmente amparadas" (Por qué no soy conservador, Hayek)

Una propuesta liberal que no necesita de un gran listado de reformas, sino de establecer las bases para mantener una democracia avanzada y la preeminencia del ciudadano frente al gobierno. Impuestos, los más bajos posibles; la intervención del gobierno donde sea necesaria, sin invadir derechos o capacidades de las personas, que gaste menos de lo que ingresa y que ahorre para las crisis; solidario proactivo con los que sufren calamidades o violaciones, lo que significa que no alcanzan la condición de Ciudadanos. Una política exterior y de seguridad firme y solidaria con nuestros aliados y una política interior que se base en la igualdad de derechos y obligaciones entre todos los ciudadanos con independencia de donde vivan. Un estado donde cumplir la ley tenga una valoración moral y que no deje impunes a todos aquéllos que contravienen la ley o la tergiversan bajo el manto del fraude.

El segundo hito del camino es iniciar el camino de la gobernación. La sociedad no quiere charlatanes ni tertulianos, quiere buenos ministros y buenos presidentes; pretender ser un lobby perpetuo en el congreso no es una opción. Bailar entre aguas turbulentas sin definirse no es una buena idea y mantenerse al margen del gobierno es la peor decisión. El tactismo político, que tan agradecido es para el político, no puede nublarnos la vista; Ciudadanos debe trabajar desde las instituciones del gobierno, mostrando su capacidad de innovación y de cambio. Esperar a que los demás caigan solos para que dejen el camino expedito como la UCD de 1982, es un sueño húmedo del que ya debe despertarse el partido naranja. Ciudadanos debe ya comenzar a mostrarse como una opción capacitada para gobernar y no basta con sacar pecho de las reformas que al final hacen otros por la supuesta presión naranja que resulta de muy difícil demostración.

Finalmente, Ciudadanos debe aspirar a la conquista del poder con los votos de la mayoría. No hay otro camino. La política es muy simple: o triunfas o desapareces subsumido por una nueva corriente que te arrastra y de devora. Ya tenemos suficientes ejemplos que lo acreditan como para poner en duda este aserto.

La aspiración legitima de cualquier partido es alcanzar la mayoría absoluta para imponer su programa; lo cual no debe excluir el dialogo y el consenso ya que no podemos cambiar de modelo de país cada cuatro años. Ese debe ser el objetivo del partido naranja, y a ello debe enforcar todas sus fuerzas. Y solo hay dos opciones; reemplazar al Partido Popular o al PSOE y a mi juicio solo una es viable, que es ser la alternativa al partido de Mariano Rajoy. El PSOE tiene a su izquierda un caudal ideológico y de votos que lo hace casi inexpugnable si decide ladearse hacia Podemos; y si decide optar por la socialdemocracia, lo hará a costa del voto centrista mientras que siempre mantendrá de una u otra manera la fidelidad de su izquierda.

Ciudadanos debe aspirar, por una parte a hurtarle al PSOE el papel de la centralidad política que le ha permitido cosechar votos a su izquierda para hacer políticas socialdemócratas pero sobre todo aglutinar al votante de centro y centro derecha que comparte con Ciudadanos tres principios irrenunciables: la defensa de la libertad individual y de sus derechos y su efectiva y rápida tutela judicial; la unidad de España, y una política económica que promueva y respete la iniciativa privada; y limite la capacidad de intervención del gobierno en la esfera de los derechos individuales. Éste es su caladero de votos, negarlo es poner serias trabas en el camino de la Moncloa.

Mark Twain con su acertada ironía no exenta de razón decía que “los políticos y los pañales deben cambiase a menudo y por las mismas razones”, así que Ciudadanos debe estar listo para tomar el relevo, corregir algunos desmanes de la socialdemocracia del PP, refirmarse en su visión ética de la política y presentar un programa de gobierno que genere un gran consenso en una mayoría de la población que confíe en que Ciudadanos debe ser la alternativa a las políticas de izquierda de este país. Para hacer las mismas políticas que la socialdemocracia con mejores cuadros políticos y con el respaldo de una gran parte del electorado del centro derecha, ya está el Partido Popular. Una gran parte del electorado de las clases medias, autónomos, profesionales y jóvenes, ambicionan nuevas políticas, lejos de las algaradas y de la inestabilidad y con una definitiva apuesta por las personas; si Ciudadanos aborda este camino, el éxito lo tiene asegurado.